Castelldefels a El Pont del Diable (Martorell)
20-03-2021
Distancia: 62 Kms
Velocidad media: 19'6 km/h
Duración: 4 h (incluído descansos)
El pasado día 20 de marzo de 2021, ocho intrépidos valientes (y un poco locos), Gerardo, Stoian, Roger, Pedro, Josué (sin dormir) David, Robert y un servidor, José Luis, decidieron lanzarse a una aventura que agrandaría la fama aún más, si cabe, de este grupo ciclista de la iglesia evangélica de Castelldefels. Es cierto que estamos ya un poco pasaos de edad; es cierto que andamos un poco pasaos de peso, sí, ¿y...? Nada puede con el empeño y el pundonor de estos campeones. No hay más que vernos.
Las noticias, desde hacía días, venían pronosticando lluvias además de una bajada de temperaturas brutal. Luego no fue para tanto. Pero, no obstante, algunos tuvimos que ponernos varias capas de ropa, como las cebollas.
Aquí os saludan los ocho héroes...
Después de cubrir el tramo urbano, desde Castelldefels a Sant Boi, pudimos llegar a la pista que recorre la mayor parte del recorrido junto al río Llobregat.
Nada más llegar a la pista nos encontramos con el primer desafío de la jornada: una inmensa balsa gigantesca, fruto de las lluvias torrenciales del día anterior. Algunos pudieron esquivarla. Pedro la miraba aterrado por su tamaño y profundidad. Yo, en ese momento, no sabía si volverme a casa o arriesgarme a una muerte segura por ahogo.
Una vez superado el terrible obstáculo, proseguimos camino a una velocidad de vértigo, a la vez que disfrutábamos del bonito paisaje. Y así devorábamos kilometros y kilómetros, esquivando inmensas balsas de agua mientras conversábamos y nos animábamos...
Al fin, llegábamos al puente peatonal que nos llevaría al otro lado del río, punto obligado para tomarnos unas instantáneas. Como diría mi paisano Matías Prats, "todo iba sobre ruedas"...
Es cierto que alguno llegó tan harto que tuvo deseos irreprimibles de tirar la bicicleta por el puente al río. Menos mal que el resto de compañeros le convencienron para que dejara la máquina tranquila. En algún momento temimos que él mismo se tirara al vacío después.
Tras ingerir los nutrientes necesarios que nos permitían recuperar el gasto ingente sufrido (¡toma frase!), decidimos regresar con el fin de llegar pronto y disfrutar tranquilos de una cervecita fresquita.
La verdad es que, no sé si fue la cerveza la imagen que nos empujó, lo cierto es que regresamos sin parar y a una velocidad que deba vértigo.
Nada nos detenía. Adelantamos a un Ave que provenía de Madrid. Los árboles se sucedían a una velocidad que no daba tiempo a contarlos. Repito, nada nos detenía... bueno, nada, nada... tampoco sería exacto...
Y, por fin, llegamos al ansiado momento por el que todos los ciclistas inician sus rutas: el de disfrutar de la cervecita final mientras se comentan los momentos varios de la jornada.
En fin, fue una jornada magnífica, en la que disfrutamos de la mejor compañía y en la que pudimos unir a nuestra inamovible fraternidad, más amistad. Pedalear es disfrutar del regalo que Dios nos hace con la vida, la naturaleza y la amistad...
Ahora nos toca preparar la próxima gesta. ¡Hasta pronto!
